Escritora

Mi vocación es la palabra, ahondar en la historia, leer en voz alta, perderme en las estanterías propias y ajenas. Sólo así logro sentirme parte del paisaje, sólo así logro habitar el temblor y la certeza de una búsqueda en la llevo sumida más de 25 años. Todo comienza en la infancia, en los años 80 yo vivía rodeada de libros y aún así nunca fueron suficientes, mi hambre crecía más rápido que mi cuerpo y en casa me invitaron a sacarme el carnet de la biblioteca. Queriendo evitar la más absoluta ruina, mis padres consiguieron que desde muy joven tuviera claro que debía abastecerme de lecturas prestadas. Todos los libros que he leído me han traído hasta aquí, hasta este punto en el que después de muchos años he decidido mostrar mis cuadernos de apuntes. Lo que vas a leer y escuchar es la mejor versión de mí, esa que te permitirá habitarme en la distancia.


La piel y la palabra 

                                                            (extractos de un poemario )

                    No hay familia que sobreviva a un genocidio


Tendemos a la compasión porque enlaza

a la perfección con el difícil arte de la prudencia.

Nos mantenemos atentos a los detalles,

intentamos evitar el caos,

ponemos la mesa,

fregamos los platos,

tiramos la basura,

seguimos el orden pactado,

cumplimos el ritual para lograr la supervivencia.

Cuando un día despiertas y tu casa no tiene paredes

es inútil temblar ante lo inevitable.

Sin atacar, me declaré sumisa,

lloré hasta creerme todas y cada una de tus palabras,

permanecí a tu lado y te dejé introducir tu odio en mi carne,

me vestí con tu vergüenza

y borré todo rastro de mi cuerpo en el paisaje.

En la infancia mi fe no era distinta a la de multitud

que sacrificaba su juventud ante los dioses,

te di poder y te sentiste dueño,

por eso me propongo extirpar tu madriguera de mi infancia.

Esto va a doler, porque llevo años deseando

admitir que te he dejado herirme en la distancia.

Durante siete años nos obligaste a recoger la madera del árbol muerto,

ese que vimos caer y que tuvimos que astillar con nuestras uñas.

Fuiste feliz cuando construiste un altar,

nos miraste orgulloso y pronunciaste su nombre

pactando un simulacro con el que disimular su ausencia.

He optado por la invisibilidad

porque intuyo que hay un dolor

que está a punto de dejarte ciego.

Con la edad te has hecho vulnerable a tus mentiras

y sabes que detrás de todas ellas

habita aquello que erosionó la rugosidad de la montaña.

Aquello que nos une se dilata a la espera de tu muerte.


                                     Invocación al regreso


Ven a mí, regresa a este cuerpo que te nombra,

a esta primera intuición que nos hizo notar

que era evidente sentir debilidad ante un espejo,

ven a mí, porque en la distancia no puedo reconocerte

y la multitud te aísla y te proyecta continuamente alejándote,

como si lo tuyo fuera vivir para escribir postales.

Acércate a través de las palabras,

tantea el espacio de cada ciudad que visitas,

camina, si tienes fuerzas, corre hasta agotarte,

siente el suelo en todas y cada una de tus caídas

porque no hay derrota en ellas sino una nueva forma

de aproximación al paisaje.

Cuando te sientas perdido

búscame hacia dentro,

porque siempre he estado allí,

en tu cartografía de hombre que tiende

a explorar el silencio y el hueco

que da origen a todas las preguntas.

Y cuando comprendas que estoy aquí para quedarme

entonces, solo entonces, se abrirá una puerta

desde la que podremos iniciar el diálogo

que uno reserva para las personas importantes.

Ven a mí, regresa a este cuerpo que te nombra,

Que guarda intacto nuestro hambre común por la palabra del otro.


                                          Pasos de baile


Existe una lucha entre mi libertad y tu cuerpo.

Allí donde te temo, te guardo.
Allí donde me esperas, me pierdes.

No nos merecemos este hambre,
este comienzo donde es imposible
someterse al deseo del otro.
Donde no es necesario llegar
no hay obligación de quedarse.

Sobrevuela mi cuerpo, hazme tuya en la distancia.
No me toques, ni ahora ni nunca, no me toques,
porque entonces sabrás que tacto tiene la niebla
y te verás sometido a la pérdida.
Te crecerá un hueco con mi nombre,
idealizarás lo que no tienes y morirás por dentro,
lentamente, devastado y solo.
Perderás el apetito y únicamente existirás en función de tus cenizas.

Déjame alejarme, apártame de ti, no me llames,
no pronuncies mi nombre. No te atrevas.
Porque puedo amarte si lo haces
y entonces te sabrás completo en mi cuerpo,
padecerás esa clase de exilio del que uno nunca regresa,
quedarás expuesto y dejarás de estar preparado
para la enfermedad y para la muerte,
será entonces cuando la realidad se burlará de ti,
te dará igual, porque querrás ser feliz de forma constante,
lucharás por ello y lo perderás todo.

Y yo me perderé en ti
dejando atrás mi búsqueda,
para centrarme en ese espacio común que nos debemos.
Te intuyo en medio de todas y cada una de mis noches
te escucho respirar oculto detrás de los árboles más altos
y no experimento temor ante tus manos.
Estamos a un paso de compartir el mismo mar
estamos a un paso de ahogarnos.

En las afueras de todo amor
siempre ronda un eclipse que nos ciega.

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 Los collages que aparecen en esta página son de Woefoep © y Franz Falckenhaus ©